Una marca puede aparecer todos los días en redes, invertir en campañas, asistir a eventos y acumular miles de impresiones. Aun así, cuando llega el momento de elegir, el cliente puede no recordar qué la hace diferente. Esa es la distancia entre llamar la atención y construir posicionamiento de marca.
La visibilidad abre la puerta: permite que el mercado te vea. El posicionamiento hace el trabajo más difícil: ayuda a que las personas te entiendan, te recuerden por una razón concreta y te consideren frente a otras alternativas. Ambos son necesarios, pero no son intercambiables.
